Un departamento en Lima mezcla tradición con una mirada artística y detalles inesperados

En su departamento de Lima, la arquitecta de interiores peruana Camila Nossar apostó por combinar materiales, jugar con la ubicación del arte y crear focos de color para lograr un espíritu contemporáneo sin perder el encanto clásico de la arquitectura.

Por Rebeca Vaisman

Este departamento en Lima es alucinante. A la arquitecta de interiores y visual merchandiser Camila Nossar le gusta incluir objetos con historia en sus interiorismo. Procura trabajar con herencias que han formado parte de la vida de sus clientes, arte que establece conexiones con los habitantes o con el espacio, y texturas y materiales que evocan ciertas narrativas.

Sala de estar.

“Yo no busco decorar un espacio para que se vea bonito”, aseguró la interiorista peruana. “Mi objetivo es lograr un lugar con armonía para mis clientes. Me gusta reinterpretar el estilo clásico, pero no diseño pensando en mí. Yo tomo cada pieza, color y textura para llegar a un equilibrio de estilos, épocas y sensaciones, porque es así como llego a la paz que quiero para el espacio”.

En este departamento de 200 metros en el barrio de San Isidro, en Lima, el proceso sí giró enteramente en torno a los gustos y dinámicas de la diseñadora, al tratarse de su propio hogar, que ocupa con su familia. “Lo fui creando de a pocos, espacio por espacio, porque quería tomarme el tiempo de pensar cómo queríamos habitar realmente cada ambiente”.

Sala de estar.

Lienzo en blanco

El flat se encuentra en un edificio nuevo diseñado por Mario Lara, arquitecto peruano reconocido por su estilo neoclásico y que Camila Nossar siempre ha admirado. Su intervención empezó desde los planos, pero para la diseñadora era importante que el interior de su departamento en Lima siga conversando con la arquitectura.

Quiso partir de un lienzo en blanco e ir añadiendo capas desde ahí. Aparecieron elementos que evocan un estilo tradicional, como las molduras que recorren toda la residencia y los rosetones en los techos. El hall de ingreso recibe con un mármol blanco que hace el efecto de “una pequeña galería de arte”, como lo llama Nossar, ya que destacan una composición de pinturas españolas del siglo XIX con marcos de pan de oro —herencias recibidas de los abuelos— y una pieza contemporánea del pintor peruano Mateo Cabrera. Acompaña al arte una consola minimalista y ligera, diseñada por la propia Nossar en fierro pintado en poliuretano brillante, y alfombras turcas. “Me encanta incluir este tipo de elementos que rompen con lo esperado y te mueven”, dijo la interiorista. “Me gusta sentir paz en un espacio, pero también tener cosas que te descuadran un poco. Buscar la sorpresa”, añadió.Publicidad

Comedor.

El departamento continúa con un piso de madera que extrae su color topo de la veta del mármol, “para sentir más cálido el ambiente y dar continuidad y armonía, pero cambiando de material”, describió la diseñadora. Si bien el techo es blanco para generar más amplitud, en las paredes logró un matiz entre gris y beige, que replicó en la tela de las cortinas. Todo el cascarón del salón y el comedor “se engrana en la lógica de un degradé cálido”, explicó Nossar.¡Lo mejor del mundo de la arquitectura y el diseño directamente en tu mail!InscribirseIngresa tu dirección de correo electrónico para suscribirte a nuestro newsletter editorial y formar parte del universo AD. Tus datos personales serán tratados de acuerdo con nuestra Convenio de Usuario y Aviso de Privacidad.

El color surge como acento en el mobiliario, como el sofá verde, hecho a medida por la interiorista. “Resalta, pero a la vez, yo ya veo el verde como un neutro que me fascina. Aquí, es un color que engrana la paleta de los interiores con las plantas”, añadió, refiriéndose al remate visual del balcón, cuyo paisajismo hace las veces de cortina viva.

Sillón verde.

Objetos con historia

Las molduras generaron una cuadrícula a lo largo del área social. Teniéndola como referencia y moviéndose por su intuición, Nossar definió las alturas de los muebles y objetos de tal manera que la simetría lograda en una primera instancia, se vio interrumpida en lugares clave. Así, el arte, como los cuadros en gran formato de los artistas Mateo Cabrera (en la sala) y Mónica Tuss (en el comedor), sirvió para reforzar este efecto al salirse de los marcos de las paredes.Publicidad

Las piezas de la sala son un ejemplo de la mezcla de historias y procedencias que quiso lograr en cada ambiente. La mesa de centro, en cristal y base de piedra, estaba en la casa de su madre. La mesa de apoyo de Pols Potten la compró, mientras que, al otro extremo de la habitación, otra mesa auxiliar en granito verde fue diseñada y mandada a hacer por el despacho que dirige. Es el encuentro de lo nuevo, lo antiguo y lo propio.

Mesa lateral con lmpara y detalles verdes.

Bajo una pintura de la artista peruana Luciana Espinar, una composición marca el tránsito hacia el comedor: se trata de un antiguo baúl de madera, de origen asiático (la familia de Camila es de origen libanés y palestino), en el que su madre recibió su ajuar de novia. Para la diseñadora, era una pieza muy significativa que necesitaba tener en su casa. Añadió una consola de acrílico transparente, que ella misma mandó a hacer, para tener “algo moderno y minimalista” para quitarle peso a la escena.

“Cada pieza fue llegando y según eso yo iba interviniendo los cuartos, de acuerdo con las necesidades, pero también a cómo yo me iba sintiendo”, finalizó la interiorista. Para ella, diseñar su hogar fue un proceso emocional que dejó de lado los planes previos y se concentró en la experiencia de vivir el espacio, descubriéndolo y llenándolo de objetos que evocan sentimientos y memorias. Como quien continúa contando una historia.

Nota original: https://www.admagazine.com/articulos/un-departamento-en-lima-mezcla-tradicion-con-una-mirada-artistica-y-detalles-inesperados

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